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En 1848, James Marshall y sus hombres, mientras construían un molino en las cercanías del Río Americano en Coloma, descubrieron pepitas de oro. Este gran descubrimiento no tardó mucho en hacerse público y pronto se desplazaron hasta el lugares cientos de personas en busca del preciado metal amarillo. 

Pepitas de oroEl oro se encontró de manera casual, cerca del río. De hecho, algunas piedras de los ríos contienen pepitas de oro en su interior. Con la fuerza de la corriente del agua, estas pepitas se separan de la roca y se dividen en partículas diminutas que se depositan en el fondo del cauce. Los buscadores utilizaban herramientas para remover los sedimentos del río y eliminar los materiales de mayor peso y separarlos así de la arena.

Aunque ahora todas estas historias nos suenen lejanas, lo cierto es que, de un modo otro, todavía hoy existe ese amor y pasión por el oro. Todo empezó en la Tierra dorada de California en la mitad del siglo XIX, que se vio invadida en poco tiempo por miles de inmigrantes de todo el mundo.

La fiebre del oro ayudó también a hacer crecer las ciudades. San Francisco era antes un pequeño asentamiento, pero el oro lo hizo transformar en una ciudad con gran movimiento, mientras sus habitantes crecían de mil en mil en poco tiempo.

Daba igual cuánto habría que recorrer para llegar a estas tierras de oro. Un viaje desde la costa Este de los Estados Unidos hasta California llevaba más de seis meses, ya que había que recorrer33.000 kilómetros rodeando el continente americano. Otra de las rutas más transitadas era la de Panamá, a través de la cual llegaban muchas personas acompañados de mulas y canoas, tras una larga semana de viaje.

La fiebre del oro también trajo consigo algunos problemas con las comunidades. La mayor parte del oro fue recogido durante los cinco o seis años posteriores al descubrimiento de Marshall, y pronto la población nativa empezó a rechazar la presencia de los extranjeros que veían como se estaban llevando el oro de sus tierras. En ese momento, la legislación del estado aprobó un impuesto especial para todos aquellos mineros extranjeros que extrajeran su preciado oro. Junto a esta medida gubernamental, mineros estadounidenses emprendieron una batalla contra los mineros latinoamericanos y asiáticos.

Aunque la fiebre del oro fuera fuente de cierta insatisfacción social, también consiguió mejoras en el transporte, las comunicaciones y la sociedad de la época. Además, la revolución provocada por el oro fue motor que impulsó a la creación de un sistema monetario internacional que tenía como base el oro.

Imagen | Sitomon

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